Día del Libro: “Librerías mágicas” por Nuria Rita Sebastián
Publicado el día 23 Abril, 2005
Clasificado en Literatura, revistas y libros| 6 Comentarios|
El otro día paseaba con destino al mar en Sitges, no por un camino directo, sino callejeando un poco, y en un momento dado, al girar a la izquierda y no a la derecha, tuve conciencia plena de que cada una de esas pequeñas decisiones, tomada de forma completamente aleatoria, nos puede llevar a lugares completamente distintos. “Tal vez encuentre algo tras esta esquina”, pensé, “o tal vez no”. Pero sí. Encontré la librería La Tramontana, y a su simpático dueño, Javier, un ex-farmacéutico cuya verdadera vocación son los libros. Me contó que su sueño siempre había sido tener una librería junto al mar. Estuve charlando un rato con él, e incluso acabé conociendo a su mujer y a su hijo (una preciosidad de 23 días). Esta librería es un proyecto tan artesanal y tan vocacional como lo es la revista Iguazú; es un espacio que busca ser un punto de encuentro y un lugar desde el que comunicar (poner en común). Salí de allí como si me hubiera encontrado con unos viejos amigos, y de paso, con las “Confesiones de una editora poco mentirosa”, de Esther Tusquets, debajo del brazo. Al llegar al mar, lo abrí al azar por el capítulo “Ana María, Sitges y la felicidad”.
En Madrid, no hace mucho, conocí la librería Pasajes, gracias a Iguazú y al Le Monde Diplomatique. Alguien que había leído la reseña de Iguazú en Le Monde me habló de ella. Busqué por internet y encontré un precioso texto de Ernesto Sabato en el que la elogiaba con gran cariño, y supe que tenía que conocerla. Así que fui a buscarla. Allí conocí a Bea y a Isabel, amabilísimas y encantadoras conmigo, con quienes estuve charlando como si las conociera de toda la vida, y también salí del lugar sonriente, como si el viaje a Madrid ya hubiese valido la pena sólo por ese momento compartido en una librería. Más tarde visité la Librería Opar (muy pequeñita, especializada en literatura fantástica) y me quedé con idéntica sensación.
En Buenos Aires, hace dos años, viví una de mis experiencias más sorprendentes en una librería (creo recordar que su nombre era Paraulas, en Scalabrini Ortiz con Güemes), cuando al preguntar por un libro del escaparate, el librero me miró de arriba abajo y me dijo: “Tú no quieres ese libro” (es verdad que no lo quería, era para una amiga) y tras mascullar lo que parecía una dirección de Praga, concluyó: “tú quieres éste otro”, y me sacó del fondo de la estantería “Al pie de la letra”, una especie de recorrido literario por Buenos Aires, que realmente sí quería, aunque no supiera de su existencia hasta ese mismo momento. Luego me explicó que había que tener mucho cuidado con lo que pedía la gente, que no todo lo que pedían sus clientes era lo que les convenía, y que él no vendía libros de Saramago (ése fue el autor que puso como ejemplo) a quien él no sintiese que estuviera preparado para leerlo (“podrían acabar odiándolo —argumentaba—, y no sería justo”). Por si eso fuera poco, añadió: “Te voy a regalar tres calles de Buenos Aires”, y de una caja mohosa de cartón cayeron infinidad de cachivaches (barbies sin brazos, cochecitos rotos, piezas metálicas, figuras de madera y latón de extrañas formas…) a las que él iba dando los más diversos e inverosímiles orígenes, hasta que al final aparecieron tres pequeñas reproducciones de las placas que indican las calles bonaerenses, y así salí de aquel pequeño y extraño universo con la “Avda. Santa Fe”, la “Avda. Corrientes” y la “Plaza de Mayo” en el bolsillo.
En Barcelona, una tarde cualquiera, antes de ir al cine, pasé por la librería Taiffa en busca de un libro para mi vecino, y en vez de ese libro, apareció ante mí algo formidable: una antología de poemas de Rosario Castellanos, autora mexicana en la que llevaba pensando los últimos tres días con especial intensidad y cuyos libros son muy difíciles de encontrar en España. El libro, del año 1972, tenía tapas duras, sobrecubierta avejada y páginas que mostraban el amarillento paso del tiempo. Como me sentía afortunada, probé suerte con Concha García, otra poeta, y en la estantería me estaba esperando un pequeño poemario de edición muy simple, de los tiempos en que ella acababa de llegar a Barcelona, donde había fundado “revistas poéticas inevitablemente utópicas”, y donde “apoyada en algunas barras de bares, ciertas manos aún me parecen insólitas”. Ya feliz del todo, salí de la librería; fue entonces cuando sentí que algo se removía entre mis dos libros, y saltó a mis manos una sorpresa llamada “Tercer Centiloquio del Heterónomo”, un libro pequeñito de citas y aforismos, con una invitación final a hacer nuestras propias anotaciones, y con esta última disposición: “Esta edición, no venal aunque interesada, del Tercer Centiloquio del Heterónomo ha sido impresa… por encargo de Taiffa Llibres… para flagelo de sus clientes y amigos más masoquistas y recreo del resto si lo hubiere”. Yo no había pasado tantas veces por aquella librería, así que imagino que lo que llevó al librero a hacerme ese guiño tuvo algo que ver con Rosario Castellanos y Concha García. Era un guiño de reconocimiento.
Nuria Rita Sebastián es periodista y editora. Dirige desde 1997 la publicación semestral Iguazu. Revista Artesanal de Literatura y Cultura. Reside a medio camino entre Barcelona, Vitoria y Soria.
Otros artículos que pueden interesarte:
Comentarios
6 respuestas a “Día del Libro: “Librerías mágicas” por Nuria Rita Sebastián”








Un texto delicioso sobre un tema delicioso para quienes hacemos y amamos a la literatura: las librerías que miman a sus libros y a sus lector@s, que no productos, que no clientes.
Tu texto, Nuria, está escrito con la certeza de la dulzura y el aroma del amor a lo que haces y sientes. Me he sentido invitada a visitar esos rincones que has descubierto por azar o llevada por alguna remembranza, y más que seguro no podré dejar de recordarte cuando me pierda en Madrid y dé con Opar, o paseando Buenos Aires me tope con Paraules.
Gracias por este regalo en forma de texto en una tarde de domingo, el café humeante junto al ordenador y el penúltimo cigarrillo que me prometo fumar. No encuentro mejor manera ni escenario para este momento.
Susana Guzner
Gracias Susana por tus palabras, es todo un honor que me leas en una tarde de domingo, el café humeante…
Sólo puedo decir que es una pintura en movimiento, es como recorrer de la mano de Nuria cada uno de los espacios que describe en el texto y reconocerlos aún sin saber dónde ni cómo están. El mundo de los libros es sabroso, placentero y siempre va más allá de lo que las páginas nos dicen, es un conjunto que inicia desde el momento mismo en que tus ojos conocen el nombre de la obra, el color de la edición, el estante donde lo encontraste, la relación que construiste para conocerlo, un libro es un todo un mundo.
Este texto invita a caminar por el espacio de la literatura con reverencia, con respeto, con ternura, cercanía y amor, invita a buscar esas zonas que en España, Argentina, México… son comunes, pero que en Nicaragua hay que llevar en la mano una lupa invisible para encontrarlos, para encontrar una pequeña librería.
Una vez más, Nuria, me enseñás que los libros también son mi pasión y que ya no puedo vivir sin ellos a mi lado.
[...] e articulito mo de hace un ao en el que menciono mi descubrimiento de esta librera.
Libreras mgicas
Archivado en [...]
Librería La Tramontana en Sitges,
La misma sensación tuve yo al visitarla y conocerles por primera, un espacio mágico en galardonado con una gente admirable, ojala algún día pueda dar yo el paso de dejar la informática y poner una librería. :_(
[...] calle Verdi (Barcelona). Es una de mis librerías preferidas (hablo de ella en el artículo “Liberías Mágicas“) y hacía mucho tiempo que no iba. A ella le llamó la atención entre todos los libros que [...]