BlogTodas

entreTodas.net

Tamaño Nuria: Releyendo a la Gaite

9

El primer libro que leí de Carmen Martín Gaite, en 1999, en Inglaterra, “Lo raro que es vivir”, lo saqué prestado de la biblioteca de la Universidad de Kent, creo que era mayo, o junio, y desde entonces mi vida no ha vuelto a ser la misma, y no exagero.

El segundo libro que leí de ella, en ese mismo mes, fue “Nubosidad variable”. Este libro lo leí justo antes de tomar una decisión inesperada e improbable, que fue viajar a Nueva York a conocer a un poeta argentino con el que me escribía por mail. Me acompañó en ese viaje la energía positiva de la historia que construían Sofía Montalvo y Mariana León, y también unos versos de Gioconda Belli, de quien no podía saber entonces que se convertiría más tarde en alguien que me lanzaría puentes desde el otro lado del mundo.

De vuelta en España seguí leyendo “La reina de las nieves”, y ahí sobrevino lo inesperado. Se materializaron ante mí las primeras palabras de su primer libro en mi vida:

Hay veces en que lo normal pasa a extraordinario así por la buenas y lo notamos sin saber cómo. De entre la sucesión no contabilizada de gestos, movimientos y vislumbres que van engrosando la masa amorfa de lo cotidiano, se separa de los demás uno de ellos, aparentemente insignificante, y salta como la nota discorde de un pentagrama, se queda resonando por el aire como zumbido de moscardón, qué pasa, ha habido una avería o esto significa el comienzo de algo nuevo, nos miramos las manos, las rodillas, qué es lo que se ha transformado, hacia dónde enfocar la atención, no sé. Y sobreviene el miedo o la parálisis.

La parálisis. El vértigo. No llevaba más de 30 páginas, y me había metido tanto en el libro, que lo tuve que dejar de leer en cuanto apareció un final de capítulo que me permitió volver a tomar aire. Ahí había una puerta. Detrás de esa puerta había respuestas. Las respuestas las tenía una señora de pelo blanco y boina a la que tenía que conocer. Escribí una carta a la editorial dirigida a su nombre, con la seguridad de que me contestaría, y así fue.

Me escribió dos cartas, me envió un libro, me llamó por teléfono en respuesta a un papelito que yo dejé en su buzón cuando estuve en Madrid, pero nunca recibí esa llamada por culpa de un malentendido. Me escribió para decirme que no había podido localizarme. Lo último que supe de ella es que le dolían las muelas. No le contesté a esta última carta, y al cabo de un par de meses no podía creer el titular de telediario que anunciaba su muerte, las palabras del locutor: “murió abrazada a sus cuadernos”.

Desde entonces camino con esa ausencia pegada, esa conversación que nunca tuvimos. No pude leer sus libros durante mucho tiempo, cada vez que lo intentaba me echaba a llorar. Mi vecino Paolo un día apareció en la puerta de casa con “El cuarto de atrás” en la mano y me dijo: “Nuria, tienes que escribir, porque leerla a ella es como leerte a ti”. Y no escribí, pero recogí ese testigo y volví a leerla. Y un tiempo después, en Buenos Aires caminé de nuevo con “La reina de las nieves” bajo el brazo, y frente a unos ventanales enormes de la Biblioteca Nacional me dispuse a cerrar una historia que siempre tendrá ese cabo suelto que la muerte no me dejó asir.

En esas páginas, muchas hojas más allá de mi confusa escapada lectora de hacía años, Leonardo Villalba encontraba un libro. En ese libro tropezaba con el vértigo de saberse reconocido. Ahí había una puerta. Detrás de esa puerta había respuestas. Las respuestas las tenía una escritora a la que él tenía que encontrar… Como si cayera por un precipicio e infinidad de hilos me sostuvieran de cara al cielo, me sentí detenida en un presentimiento imposible de hace años que en ese momento, en Buenos Aires, se me presentaba en palabras. Al igual que le pasaba a Leonardo, todo “tenía que ver inmensamente con la que había venido siendo desde que nací”, pero yo ya había perdido a mi interlocutora.

Ahora retomo otra vez sus palabras, como un íntimo reencuentro, en estos días de temporal de nieve. Las respuestas detrás de puertas que cada vez que se abren son distintas, porque nosotros somos distintos. La forma imprecisa en que los recuerdos caen a nuestro alrededor. Y ella, como siempre, lo dice mejor que nadie:

In memoriam

En la gente viva uno cree, se empeña en tener esperanza, aunque sepa que se engaña. Cree uno que habrá tiempo para entenderse, que tiempo es lo que sobra, y lo va dejando un día para otro, el hablar. Por eso te escribo a ti aunque no me oyes. Porque pienso que si me sirve de pretexto (imaginando todo lo que irremediablemente nos quedó por hablar) y dado que sólo esa desesperación me mueve a comprender lo efímero de mis posibilidades para con los demás, ya es algo si, aunque tú no me oigas, a través de ti, por causa de ti me oyen los demás y les puedo decir alguna de las cosas que ma ha desvelado la tragedia de tu desaparición. (Cuadernos de todo)

—-
Nuria Rita Sebastián es periodista y editora. Dirige desde 1997 la publicación semestral Iguazu. Revista Artesanal de Literatura y Cultura. Reside a medio camino entre Barcelona, Vitoria y Soria.

Related Posts

9 Comments

  1. laura

    yo hice el recorrido al revés, caí en el influjo de Nubosidad Variable y a partir de ahí se precipitó el resto, aunque no lo haya leído; de hecho creo que no lo leo todo para tener la posibilidad de leer algo nuevo de la Gaite aunque se haya muerto. porque dondequiera que esté ella sigue escribiendo para sus niñas y sus niños. estoy segura.
    me emociona terriblemente hablar de la Gaite.
    creo que mañana escribiré algo sobre ella en mi blog
    por cierto que nubosidad variable siempre será nuria, pero eso es otra historia.
    buenas noches,

    laura

  2. laura

    se me olvidó la palabra todo, ‘aunque no lo haya leído todo’ quería decir, esta velocidad mía un día me va a matar y es que velocidad y emoción en mi caso tienen mucho que ver

    laura

  3. Amaiur

    Yo empecé con Retahílas.

    Antes había leído el relato de ‘El balneario’ y ‘Entre visillos’, pero solo había hecho eso, leerlo.

    No sé qué fortuna me condujo al diálogo entre la tía y el sobrino. Sentí, como lo explica Nuria, que esa lectura estaba siendo importante para mi vida. Para mi pensamiento, para mi forma de actuar, para mi manera de ser. Después llegaron las otras.

    Tengo que reconocer que es un ejercicio particular el que siento cuando leo a la Gaite. Me vacío. Necesito tiempo de recuperación. Me deja un poco rota. Tocada. ¡Pero qué dolor tan gutoso!

    PD. ‘Lo Cuadernos’ fue el regalo de despedida del amante novelesco de mi vida. Todavía, y de esto hace algunos años, no me he decidido a meterme en ellos. Además es muy gordo, y las oportunidades que tengo para la lectura requieren de comodidad. Por eso, muchas gracias Nuria por hacer una selección pequeñita, tamaño Nuria, y recordarme que me espera.

  4. mercè

    Yo leí “Nubosidad variable” años después de que me lo reocmendara mi profesor de literatura catalana. Y a partir de ese momento, empecé a querer a CMG, sus frases, sus historias, sus recuerdos. Seguí con “Lo raro es vivir” e “Irse de casa”, después vinieron “Retahilas”, “Entre visillos”. Me quedan algunos, que, como Laura, necesito par asaber que puedo leer algo nuevo de CMG. “La reina de las nieves” la leí en Alemania y allí la dejé, en casa de un amigo que me acogió y me cuidó!
    Un año más tarde, le presté “Lo raro es vivir” a una persona especial, y poco después esa persona se convertía en la persona que hoy comparte conmigo los cines, la cocina y el ordenador. Gracias Carmen.

  5. Es

    También descubrí a esta genial escritora con “Lo raro es vivir” y fue como encontar el tesoro que marca la cruz en el mapa.
    Acabo de terminar sus artículos en la nueva recopilación, “Tirando del hilo” de Siruela y he decido reencontrármela tirando de mi primer hilo. Había olvidado a esta lúcida observadora y a su prosa sencilla y hermosa. Pero como todo lo bueno, siempre está ahí para cuando lo necesito.

  6. Melina

    Dos cosas:
    1. Me ha encantado la pregunta Anti-Spam. Me ha dejado out. Casi pido el comodín de la llamada.
    2. Me gustaría que me explicase la señora Sansebastián cómo se puede vivir entre tres ciudades y no estar loca (me ha dejado sinceramente fascinada).
    Un abrazo.

So, what do you think ?