Memorias marcianas: religión para homínidos, por Alberto García
Publicado el día 23 Septiembre, 2006
Clasificado en Opinion, TODAS|
Me siguen sorprendiendo estos humanos que se dividen en hombres y mujeres por una diferencia anatómica situada en la entrepierna. Diferencia física que les afecta psíquicamente y les hace pensar/actuar de manera diferente. Eso que nos ahorramos nosotros y de paso nos evitamos machismos, feminismos y guerra de sexos.
Estos primates, como se ven más evolucionados e inteligentes que el resto de animales, han decidido que debe existir un poder supremo que les ha creado a su imagen y semejanza, con la ilusión de que una vez muertos les acoge en su seno para vivir eternamente. Los machos de la especie han ideado una serie de religiones, más o menos ingeniosas, más o menos estúpidas, para explicar el “sentido de la vida”. Una legión de iluminados, mesías y profetas inventan dioses e hijos de dioses que gestionan infiernos y paraísos para castigar o premiar. Unas veces la idea prospera y nace una nueva religión, otras el profeta es apedreado por pesado, por revolucionario o por falta de mejor entretenimiento… en estos casos la nueva religión no sale adelante y es olvidada. Otras veces, una religión -como si de un ente vivo se tratara- nace, se desarrolla y luego muere.
En todos los casos, salvo raras excepciones, desde el profeta hasta el dios o dioses inventados tienen pene, las menos vagina, como si de simples mortales se tratara. También tienen pene, los que administran, negocian y mandan en esas religiones. El pene se convierte así en apéndice necesario para los interesados en el camino religioso, para medrar y prosperar en la fe. Como el sexo femenino no tiene pene, queda relegado a simple comparsa, a desempeñar labores menores y sobre todo sirve para engrosar las estadísticas del número de fieles de las diferentes religiones. Ellas no pintan nada, pero cuentan mucho.
Algunas religiones prometen bellas mujeres a sus fieles en el más allá, pero no bellos hombres para el otro sexo. Otras religiones, más castas, recatadas y posiblemente más aburridas hablan de los ángeles, entes asexuados para compartir la eternidad. Religiones más sofisticadas, proclaman la reencarnación -hoy hombre, mañana mujer, pasado marciano al otro ladilla- como método para alcanzar la perfección.
Así organizado, los machos controlan la religión que genera dividendos importantes para controlar al otro sexo, a su propio sexo y a futuros sexos. Una especie de corporativismo fálico-religioso, endémico en la raza humana. Lo más curioso, en ciertas religiones, es que los machos dominantes que detentan el poder espiritual se comportan como castrados, al menos psíquicamente. Hacen voto de castidad, celibato y cifran en el sexo -el suyo- la suma de todos los pecados. Las mujeres, depositarias del sexo que excita, acoge y da placer al otro sexo, son miradas como causa y origen de los todos los males terrenales y sobrenaturales. Ellas, creadoras de vida, son prácticamente invisibles en temas de fe, pero perfectamente visibles para castigar, mutilar o encerrar entre paredes y velos. El follón que han organizado estos monos evolucionados, ha dado trabajo a otros primates que llaman “psicólogos” y trabajan con diván.
Los marcianos, sin dioses, sin pene y sin vagina carecemos de religión que nos explique el “sentido de la vida”. Últimamente, algunos de los nuestros, están utilizando las antenas para entender lo sobrenatural. Algunos de estos “antenistas” se han puesto tan pesados que les hemos cercenado las antenas… sin acritud.–
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