La santa voluntad de cada uno, por Izaskun Arana Pozo
Publicado el día 8 Junio, 2007
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A pesar de que la alcaldía de Vitoria-Gasteiz ha cambiado de derecha a izquierda, hay sucesos en los bajos fondos sociales que no entienden de direcciones.
Este pasado 4 de junio, una mujer moría a manos de su pareja, un varón de mediana edad, asesinada. Según informaron los telediarios, tanto la Ertzantza, como los juzgados, como la policía local aseguraron no haber podido hacer nada. La víctima en cuestión, a pesar de haber puesto varias denuncias por abusos psicológicos, malos tratos y amenazas, se detractó de toda acusación inmunizando a su pareja. Los cuerpos de protección civil y las instituciones jurídicas vascas se lamentaban de los sucedido al tiempo que aseguraban su incapacidad de actuación ante la falta de consentimiento de la víctima para recibir apoyo o protección. También, según informaron, ambos dos eran drogodependientes, perteneciendo a unos de esos grupos sociales catalogados como precarios, de riesgo, desfavorecidos, y un largo etcétera de adjetivos calificativos que, cualquier sociólogo/a ávido de estudios del ser humano podría dar. Esa misma tarde, en Vitoria-Gasteiz, hubo una concentración en contra de la violencia de género.
Es curioso ver, cómo esta clase de violencia se da de forma conformista, me explico: no importa el partido político que lidere la alcaldía. No importa la ciudad, su nivel de vida, su grado de urbanismo, ni su plan social de reinserción laboral, de parados, de inmigrantes o drogodependientes. La violencia es inherente a todas las sociedades, al ser humano, en general.
La semana anterior, la última de mayo, recuerdo que un chico, en su día niño de Chernovil acogido por un pueblo español, mataba a una joven de 21 años a puñalada limpia en medio de la calle por haber roto la relación amorosa que mantenía con él.
En línea a estos actos de justicia individual divina, el mismo 4 de junio reseñaban el trascurso en directo de un juicio: un hombre lanzó a otro, aún vivo, al fondo del río metido en una bolsa de basura. El alegato de defensa del acusado se basaba en que el difunto acosaba a su señora esposa, y que, tras una breve pelea, el difunto cayó al suelo y le dio una especie de ataque epiléptico, con espumarajos en la boca incluidos. El agresor le tomó el pulso, no se lo encontró. Se puso nervioso y, en un arrebato, lo tiró al río metido en una bolsa de basura. La victima aún vivía, moriría asfixiada y ahogada. Fue “un accidente”, remarcó el acusado en su declaración. “Acosaba a mi mujer”, añadió…
Al margen de lugares, partidos políticos, violencia de géneros… a mí lo que me sigue resultando curioso es la capacidad para la ejecución de la santa voluntad de cada una de estas personas. Según mis apreciaciones, en ellos no distingo ningún atisbo de diferencia. Sus entornos, si bien pueden ser más o menos desfavorables, nunca revelan realmente unas condiciones reales y actuales ni políticas, ni culturales, ni sociales. Sólo denotan su situación social, o a lo sumo, emocional (lo cual engloba aún más a todos aquellos que muestran esta conducta violenta). Y algo que, sigue siendo la preocupación de muchas asociaciones y grupos de lucha social: el género. Indefiniblemente, siguen siendo hombres los que apelan a una capacidad divina para quitar la vida de forma violenta a personas de su entorno. De ahí la catalogación como violencia de género.
No obstante, y mirando un poco más en el fondo de estos asesinos, no veo hombres misóginos que desprecien a las mujeres: veo hombres inseguros, que conviven toda una vida atados a mujeres, y que en cuanto ven de cualquier manera amenazada su estabilidad, las matan. No veo asesinos en serie. No veo psicópatas de la sangre. Veo hombres de caracteres ásperos, con problemas de autoestima, de adaptación social, de inseguridades y complejos, que sólo se realizan, trabajan y viven gracias al espejo de la mujer que les acompaña en la vida. El día en que ese espejo titubea, o surge la posibilidad de desaparecer, el hombre acaba con el problema: la mata (o se deshace del problema, como en el caso del asesino de la bolsa de basura).
Esto deja al manifiesto, no a una sociedad machista, fálica de superioridades viriles, sino a una sociedad débil, liderada por héroes de viento, de personalidades frágiles, de inseguridades mayúsculas, y de psicologías enclenques.
El propio lenguaje de la calle está lleno de pruebas sobre esta teoría: “Detrás de un hombre siempre hay una gran mujer”, “La edad del hombre es aquella de la mujer que su mano toca”, “El hombre propone y la mujer dispone”… El hombre adquiere relevancia gracias al apoyo incondicional en la sombra de una mujer, la cual refuerza su ego, la base de esa personalidad llena de carencias. La mujer se convierte en el flanco y base de apoyo psicológico de muchos hombres, y es ésta la que carga en silencio el peso de una sociedad emocionalmente reprimida, seccionada y llena de miedos.
En definitiva, con estas reflexiones, lo que quiero es aportar un punto más de vista a la problemática de la violencia de género: en los medios de comunicación el tema es tratado siempre desde la desventaja de la mujer frente al hombre en la sociedad (desventaja física, de posicionamiento social, económica…). También se suele unir violencia y entornos sociales (rentas per-capita de las regiones, zonas más ricas y zonas más pobres). Y no estaría mal que, poco a poco, se empezase a tratar de analizar los verdaderos motivos que llevan a los agresores a cometer los delitos. Al margen de las diversas situaciones sociales de cada uno, siempre poseen un perfil psicológico similar que, de forma YA sospechosa, se sigue ignorando. Afrontar el problema de la violencia de género implica afrontar una sociedad donde la educación masculina está llena de carencias afectivas. Además de hacer campañas contra la violencia hacia la mujer, sería recomendable hacer campañas de valores morales, de educación cívica, donde enseñen a compartir, a querer, a convivir, a comportarse en pareja, en grupo, en sociedad. Dicen que los adolescentes es un grupo problemático por la falta de valores en su educación. Tal vez, para educarles a ellos, se podría empezar por lo padres ¿no? Tenga o no tenga razón, ahí planteo mi propuesta. Mientras, supongo, cada uno seguirá aplicando su santa voluntad…
Izaskun Arana Pozo











sin duda alguna (nunca la he tenido) tienes dentro de ti ,una capacidad innata para ver las situaciones cotidianas de una manera unica.Sonrio ,leyendote lo primero que surgue en mi es la sonrisa. Gracias.
seguire afin a tus articulos por que necesito creer que hay en el mundo jente capaz de ironizar sin llegar a la ofensa.
gracias ireneorion,
cuando la gente sale insultándose en la tele (son ustedes unos ineptos, unos zafios, unos…) me aburren. son discursos fáciles, vacíos de contenido, y descriptores de personas carentes de base y motivación concreta. lo difícil, como siempre, es dar una explicación (algunos dan una torta, en su defecto).
un saludo