Desafiando el Silencio: Medios de Comunicación contra la Violencia Sexual

Publicado el día 7 Marzo, 2008
Clasificado en 8 de Marzo, Biografías, Feminismo, International, Mujeres, Vídeo|

Mañana es el Día Internacional de la Mujer. Es ese marco os presentamos esta campaña de la precaria, dura y poco informada situación que tenemos en “la aldea global” sobre las mujeres que viven en zonas de guerra. Hay testimonios espeluznantes, que son una muestra mínima de la vida de estas mujeres. Infórmate y colabora y difunde en tu entorno esta importante campaña.

Desafiando el Silencio: Medios de Comunicación contra la Violencia Sexual, es una campaña mediática internacional sobre la violencia sexual como crimen de guerra, campaña promovida por WorldCom &Lola Mora:

La violencia sexual se utiliza de forma premeditada como una de las armas de guerra más eficiente y cruel


Mas de 40.000 mujeres y niñas han sido brutalmente violadas en el transcurso de las últimas guerras en República Democrática del Congo. Una practica que no se limita a África y ni es cosa solo del presente.
Destruir al enemigo también ha pasado y pasa en Europa y en América Latina por invadir el cuerpo de las mujeres. Un crimen que se ampara en la impunidad y en el silencio
Testimonios(1)

TESTIMONIO DE MARIE

Nombre ficticio. Hospital Panzi. República Democrática de Congo (RDC)
Habla con rabia y muy rápido, mientras se le van cayendo las lágrimas, pero sigue hablando.

Llegué a Bukavu porque me violaron. Tenía dos hijos, una niña y un niño. La niña murió con 6 años. Me quedé con el niño y le hice estudiar hasta que se sacó el diploma del Estado. A él le hubiera gustado continuar estudios superiores, pero yo estaba muy limitada y no tenía suficientes medios económicos.
Así que él se fue a buscar oro y, gracias a Dios, seis meses más tarde encontró una piedra de 380 gramos. Me escribió una carta donde me pedía que su mujer y yo nos preparásemos para salir del pueblo. Nosotras salimos a su encuentro.
En un cruce hicimos una pausa para comer. De repente oímos una voz, era mi hijo que nos llamaba y ahí me mostró la piedra de oro que llevaba encima. Me pregunté dónde podía esconderla, teniendo en cuenta que los Mai Mai estaban en esa zona de selva. Decidí introducir la piedra en mis bragas como si tuviese la menstruación.

Desgraciadamente, los Mai Mai nos estaban viendo sin que nos diésemos cuenta, así que unos minutos más tarde, comenzaron a dispararnos de todos los lados Mi nuera tenía un niño de 5 años, todos la violaron y eran 13. En ese momento mi hijo estaba ya colgado en un árbol junto a otra persona que también iban a colgar.
Después ellos me pidieron la piedra de oro que me habían visto esconder en las bragas. Me desnudaron, cogieron la piedra de oro, me apuñalaron y me introdujeron palos en la vagina.
Más tarde, me taparon los ojos con un pañuelo y se fueron con mi hijo. Pasado un tiempo escuché un grito; era mi hijo a quién le habían cortado la cabeza y la habían puesto en un árbol
(lloros).

Mi nuera y su niño se fueron y me dejaron sola y me quedé ahí, gritando. La sangre me caía por todo mi cuerpo, y sentía que estaba agonizando. Dos hombres vinieron y me desataron las piernas y los brazos con cuerdas. Me preguntaron: “mamá, ¿te puedes mover?” Yo les dije que era imposible, que no podía pero lo intenté y en ese momento vi la cabeza de mi hijo sobre un árbol. Esos hombres cogieron la cabeza, hicieron un agujero en la tierra y la enterraron.

Esos hombres me agarraron y pidieron a mis vecinos que me ayudasen para llegar a mi comunidad; finalmente fueron ellos los que hicieron que yo llegase al hospital donde me curaron. De esto hace 5 años ahora; esas heridas se están sanando hoy, se sanarán un poco más mañana y así poco a poco. Yo no puedo estar de pie mucho tiempo, ni tampoco sentada o tumbada, no encuentro una postura en la que me sienta bien.

Nosotros teníamos una casa dejada por nuestro padre en Kalima. Los tutsis vinieron a vivir ahí a la fuerza y quemaron las sillas y las camas en madera para calentarse. Después fue el turno de la gente del RCD que vendieron todos los tejados y echaron a una vieja vecina. La tomé a mi cargo porque sus familiares vivían lejos de Kalima.

Un vecino nos albergó a todos. Más tarde algunos blancos vinieron a Kalima y después de explicarles mi historia me dieron 50 dólares. Con eso me compré una parcela de tierra. Cuando volví a la comunidad, después de la guerra, nuestra antigua parcela ya había sido ocupada por otra persona con todos los documentos necesarios.

Fue después cuando los servidores de Dios me tomaron a su cargo y me transfirieron a Bukavu, donde estoy recibiendo los cuidados apropiados. La parcela que compré por 50 dólares, sigue ahí, pero el único que podía construir una casa es aquél a quien mataron (se refiere a su hijo). Esa es la herida que jamás abandonará mi corazón.

Me lo pueden dar todo, pero mientras esos salvajes vivan en nuestras comunidades nunca habrá paz en mi corazón. Porque nosotros podemos volver pero ellos estarán ahí siempre para molestarnos. Y con ellos habrá siempre sufrimiento. De hecho no sé nada de la vieja vecina, la última vez que la vi, se quedó llorando.
Había defensores de los derechos humanos que venían de Kindu y que llegaron un día a Kalima. Nos calificaron de “mujeres violadas” bajo el pretexto de que iban a pedir ayuda para nuestros casos; pero teníamos que dar dinero para hacer nuestro dossier y yo no lo tenía.

Me pongo en manos de Dios, y que aquellos que tienen buena voluntad ayuden a otras mujeres; son numerosas las que sufren violación en mi pueblo y que no han tenido la suerte que yo tuve gracias a los servidores de Dios.

Aquí en Congo, y sobre todo en mi comunidad, son muchas las mujeres que han visto morir a sus maridos e hijos. Si pueden obtener una ayuda para que alguien las tenga en cuenta ellas estarán muy agradecidas.

TESTIMONIO DE FRANCINE

Menor ex soldado. República Democrática de Congo.

Me llamo Francine. Vivo en Kanteve, soy madre de dos niños Nely (3 años) y Estha (1 año)
(Capturada en 2004. En 2005 se fugó definitivamente).

Había ido a buscar agua cuando al volver a casa en Bagira, los militares me capturaron y me hicieron transportar sus bultos. En el camino me obligaron a convertirme en su mujer, intenté resistir diciéndoles que era huérfana de padre y que no podía casarme con un militar y que debía volver a casa con mi familia.
Durante el largo camino me sentía muy cansada con los bultos y cada vez que me sentía cansada ellos me pegaban y me violaban; cuando llegamos a la selva ya estaba embarazada. Llevaba una vida de salvaje.

(Francine fue violada en primer lugar por uno de los comandantes del grupo armado, que la hizo su “esposa”. Pero en el camino, que duró días, ese hombre cayó muerto y otros soldados pasaron a violarla. Cuando llegó al campamento de los interahamwe ya estaba embarazada, sin saber de quién)

Durante la vida en la selva sobreviví pese a que llegué embarazada y a que me habían disparado en un brazo. El Señor me ayudó y me curé, además de dar a luz yo sola en la selva.
Ante esta vida difícil de la selva, pensé que en lugar de ser la mujer de un militar, sería mejor ser yo misma militar. Y así pasé a ser un soldado más en el ejército. En esta condición pude escapar, llegué a casa de mis padres, que me echaron y por tanto tuve que volver a la selva.

(Cuando su familia la rechaza ella que no tiene dónde ir ni qué comer. Se da cuenta de que su única opción es volver; camina hasta el campamento, y cuando llega, los interahamwe la castigan por haberse fugado: durante días le pegan y la violan, hasta que la dejan tranquila y aceptan que se quede y sea militar)

En la selva volvieron a violarme y me quedé embarazada por segunda vez, y volví a escaparme para volver a mi familia. Todos me repudiaron, mis padres, mis tíos, mis tías, y mis amigos. No sabía qué hacer. Finalmente una mujer me tomó a su cargo, me ayudó a venir aquí a este centro (Association de Soutien de l’Opprimé, ASO) con mis dos hijos, donde finalmente me sentí bien.

Así fue como llegué aquí, donde he aprendido ya a coser, a hacer pan, a hacer jabón y a autofinanciarme. Hoy vivo bien con mis hijos; cuando llegué tenía heridas, pero recibí los medicamentos necesarios y me he curado. Todo gracias a ASO, que me acogió como un niño entre los otros y mis hijos viven también felices.

Entré en la selva cuando tenía 16 años y hoy tengo 19.
No tengo elección, vivo con mis hijos e intento quererlos cada día un poco más. Ni los niños ni yo tenemos otra elección ni tenemos la culpa. Realmente me siento bien, vivo satisfactoriamente al igual que mis hijos. No puedo dejar nunca de agradecer a la señora que me trajo hasta aquí y a los miembros de esta asociación que son los que me ayudan. Si mis hijos están enfermos vengo aquí a pedir ayuda y Juvenal me ayuda.

Hace dos años que estoy aquí en ASO. Hemos tenido tiempos con problemas en el centro, como cuando los ladrones armados nos quitaron todo lo que teníamos y querían llevarnos a Ruanda para matarnos, pero conseguimos salvarnos.
La vida como militar
(con los interahamwe) no es diferente que la vida como civil.
Como militar es muy difícil, existen muchas dificultades y ves a la gente morir como animales, muchas veces dejas gente próxima tirada en la selva. Los otros, los que no van al frente solamente son ladrones. Pero gracias a Dios he salido sana y salva.

En la selva viví con otras mujeres de Kanyola. Ellas me preguntaban si yo pensaba que podríamos ser recibidas todavía en nuestras familias (le preguntan porque ella ya había escapado una vez), y yo les explicaba que no (llora) porque los miembros de toda mi familia no querían oír hablar de mí e incluso mis abuelos me habían repudiado. Les explicaba que por eso había vuelto a la selva.

Ahora vivo en casa de mi abuela materna, ya que mi padre está muerto y a su familia nunca la vi. Si estoy ahí es porque ellos han visto que yo comenzaba a reintegrarme en la vida social gracias a ASO y que tenía de nuevo un valor.
Soy cabeza de familia ahora y tengo a mi cargo a dos niños y a mi abuela. Ella me ayuda. Ella aporta todo lo que encuentra y yo hago lo mismo; normalmente soy portadora de bultos, me pagan por eso y a veces tomo pequeños créditos que luego reembolso y con lo que gano vivimos.
Pasé noches enteras en casas en construcción de diferentes barrios y fue verdaderamente gracias a esa mujer que me recogió y a esta asociación que pude volver a casa de mi familia
(llora).

(Todo ese tiempo lo pasó en casas sin habitar porque nadie la recibe. Intenta explicar a su familia que no es su culpa lo que le ha pasado, pero nadie la acepta. Cuando tenía mucho hambre iba a casa de sus amigos o tíos a mendigar comida, el resto del tiempo, como estaba embarazada y
tenía otro niño, pasaba el tiempo tirada en cualquier lugar. La noche que comenzó a tener contracciones estaba refugiada en una letrina cercana a la casa de la señora que finalmente la ayuda, la asiste en el parto, la cuida unos días y luego la lleva a ASO. Esa misma mujer contacta a su familia y es así como puede ir a vivir a casa de su abuela).

ASO es muy importante en mi vida porque sin ella mis hijos y yo estaríamos muertos y todo habría acabado (llora). Para mí ASO es mi papá y mi mamá. Espero que ASO esté para siempre y que siga pensando y buscando a los otros para hacerlos salir del olvido social.
Cuando pienso en el pasado me hace mucho daño, las chicas de mi edad con las que comencé la escuela se han convertido en monitoras, profesoras de escuela, viven bien y algunas se van a casar. Pero yo me siento perdida y no sé dónde estoy, por eso tengo un gran rencor contra mis violadores y no sé si un día los perdonaré.

(Francine pasó mucho tiempo entre los interahamwe lo que le permite afirmar que conoce perfectamente a cada uno de los soldados y de los jefes. Y que es capaz de rehacer el camino y volver al lugar exacto del campamento. Afirma
además que pese a todo volvería, solamente para acompañar a la justicia y que los detuvieran. Dispuesta a ser testigo y a señalar a cualquier autoridad que quiera el lugar del campamento)

Cuando toco el tambor me siento bien y olvido el pasado oscuro. Me emociono cuando mis hijos bailan mientras toco el tambor, todos bailamos y mi corazón se siente más ligero. Cuando miro a esos niños no siento odio y pienso que ellos no tienen la culpa, como tampoco lo siento yo, ¡qué voy a hacer si ya están aquí! Poco a poco los he ido queriendo.
(llora) Cuando toco el tambor ante mis hijos siento una gran felicidad sobre todo porque estoy contenta de ver a mis hijos frente a mí, es una forma de educarlos también porque mis hijos comprenden que la vida de la selva y la tristeza se han acabado y que vivimos bien y es en ese momento cuando soy feliz por ser madre.

1. LA VIOLENCIA SEXUAL DESDE UNA PERSPECTIVA DE GÉNERO

La violencia sexual está relacionada con una estructura patriarcal basada en relaciones de poder entre ambos sexos en las que las mujeres se encuentran en una situación de vulnerabilidad. La violencia contra las mujeres no debe ser tratada únicamente como un problema relacionado con las mujeres, sino como una consecuencia de las relaciones de poder y del reparto de los roles sociales.

En contextos bélicos, el cuerpo de las mujeres cobra un significado de botín de guerra; la violación de mujeres se convierte en arma táctica para intimidar y aterrorizar a la población “enemiga”; para castigar a las mujeres y simpatizantes del supuesto enemigo; en un medio para humillar a la otra parte y destruir la pureza sexual de sus mujeres -dada la histórica vinculación de la violación con el ideal del honor-. Todo ello convierte a la violación sexual en una forma de comunicar la derrota a los varones del campo enemigo.

Por otra parte, en las diferentes sociedades existe una “cosificación” de la mujer y se banaliza la violencia sexual contra las mujeres, lo que propicia que en contextos de guerra… En resumen, la violencia contra las mujeres es una expresión de fuerza, de poder, de virilidad; un método para aniquilar al enemigo, para mermar sus fuerzas; un premio para el vencedor y un castigo para el vencido; un mecanismo para sembrar el odio y un arma para la depuración étnica.

2. LA VIOLENCIA SEXUAL COMO ARMA DE GUERRA. SECUELAS.

Las violaciones, torturas, abusos sexuales y otros actos de violencia impactan en los cuerpos, la salud mental, la sexualidad y la salud reproductiva de las mujeres.

Existen varios niveles de daños:

Daños físicos y fisiológicos que afectan temporal o permanentemente la autonomía sexual y reproductiva de las mujeres con consecuencias graves para su salud sexual y reproductiva. Las violaciones reiteradas destrozan los tejidos y las cavidades genitales, anales y urinarias de las mujeres, que ven con impotencia y vergüenza cómo la orina y los excrementos salen sin control por su vagina.
• Contagio de enfermedades o infecciones de transmisión sexual, y aumento del riesgo de contraer SIDA, enfermedades inflamatorias de pelvis y cáncer cervical.
Embarazos no deseados.
Traumas emocionales profundos que se manifiestan en depresiones y trastornos de la personalidad, angustia, incapacidad de concentración, perturbaciones del sueño y la alimentación, sentimientos de enfado, humillación, autoinculpación, estrés postraumático, tendencias suicidas, entre otros. El denominado “síndrome traumático de la mujer agredida” comprende falta de autonomía volitiva, miedo, angustias, depresión y, en algunos casos, suicidio (ONU, 1994).
• Problemas sexuales como frigidez, temor al sexo, funcionamiento sexual disminuido.
• Consecuencias económicas y sociales que afectan materialmente a las mujeres, pues ante la muerte, desaparición, huida o reclutamiento
forzado de sus compañeros o maridos, asumen la jefatura de hogar en condiciones absolutamente precarias. Además se producen restricciones al acceso a los servicios básicos de alimentación, salud o educación.
Estigma que supone el haber sido violada, algo que causa problemas para volver a integrarse en la comunidad o que, en muchos casos, conlleva el repudio por parte del marido o la familia.

Edukit: La Guía de Uso

Tal y como explican sus creadoras, Belén Dronda y LolaMora Producciones, este Edukit: Guía de uso descargable desde este enlace (pdf), está pensada para:

· Periodistas y medios de comunicación,
· Centros educativos (masteres, centros especializados, institutos de investigación, etc.),
· Formadores y organizaciones de derechos humanos y de mujeres que quieran difundir el tema en sus medios, utilizar los materiales del kit en sus clases o talleres.

ACTIVIDADES SUGERIDAS
1.1) Introducción con vídeo
Esta actividad puede servir para presentar el tema y sondear las ideas y conceptos previos de los participantes con todo tipo de grupos. También permite abordar aspectos como: cómo evitar la victimización, los clichés sobre el tema, etc.
- Proyección del video de presentación de la campaña.
- Cada persona piensa en: ¿Qué sentimientos te produce? ¿Qué otras imágenes y temas te trae a la memoria?
- A continuación, se realiza una lluvia de ideas, que puede ser oral o escrita:
- Oral: se escriben en la pizarra todo lo digan las participantes.
- Con tarjetas:
• Se reparte unas cuantas tarjetas a cada persona.
• Escribir una idea-palabra por cada tarjeta.
• Se colocan en una pared o mural en dos espacios dicotómicos: por ejemplo, a la izquierda los sentimientos positivos y a la derecha los
negativos.
• Con todo el grupo, se ordenan en temas las tarjetas o ideas recogidas.
• Se sintetizan y se comentan. Debate final.

El proyecto ha incluido talleres de trabajo con mujeres sobre el terreno y con el resultado del material acumulado, junto las producciones realizadas con las periodistas africanas, han producido un paquete informativo-educativo en inglés, francés, portugués y español, que se distribuye en DVD a emisoras de radio, organizaciones y universidades de Europa, América y África, que puede descargarse en www.worldcom.org.

Enlaces:
JUSTICIA DE GÉNERO. Desafiando el Silencio: Medios de Comunicación contra la Violencia Sexual
Lola Mora ProduccionesWorldCom FoundationHumanas
(1) Texto de la Guía de Uso
Justicia y dignidad para las mujeres violadas en conflictos armados (Ameco Press)

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