A todas las Mujeres Trabajadoras, por Lucía Etxebarría
Publicado el día 8 Marzo, 2008
Clasificado en 8 de Marzo, Literatura, revistas y libros, Mujeres, TODAS|
A todas las Mujeres Trabajadoras
El era ( y es) fotógrafo de moda, lucía gafas de pasta, zapatos Camper, el cabello artistícamente desflecado por una peluquero de ésos que te cobran cien euros por despeinarte y aprovechaba cualquier giro en la conversación para citar a Debord o a Cioran. A mí me tenía fa-fa-fa-fa-fascinada, que dirían los Sidonie.
Aquella tarde nos dirigíamos, precisamente, a la inauguración de una exposición y yo le convencí de ir en metro, porque había un atasco impresionante y si cogíamos un taxi nos podían dar las uvas para cuando llegáramos a la galería. “Yo es que voy siempre en taxi”, me explicó él, “porque he hecho cuentas y con lo que me gastaría en gasolina, seguro de coche y parking me da para coger tres taxis diarios si quiero” ( luego he comprobado que tenía razón) “y además, no me gusta el olor del metro, luego sales oliendo a Eau de Metro”. Y se rió de su propia gracia.
Cuando llegamos al vagón me encontré con La Simpática, que me contó que se dirigía a su casa en Parla, y que aún le quedaba una rato bien largo para llegar, porque tarda una hora y media de casa al trabajo. Así me enteré de que se levanta cada día a las seis de la mañana.
La Simpatica se apeó en la siguiente estación y el fotógrafo me preguntó que quién era esa señora. Le expliqué que, como buena maruja, cada lunes me voy al Día con el carrito de la compra a hacerme con lo más básico para toda la semana ( patatas, arroz, pasta, cereales, leche…) porque los productos perecederos los compro en el mercado. “Pues yo como siempre de restaurante porque no sé cocinar”, apuntó él. Le seguí explicando que aquella señora trabaja en el súper de camarera y reponedora, y que siempre que me doy con ella me la encuentro con la sonrisa puesta. Su trabajo no parece en absoluto agradable, mueve cajas, apila productos, teclea en la caja, ocho horas bajo esa luz amarilla de fluorescente que no solo te resalta las ojeras ( muchas en su caso, ahora me explico por qué) sino que acabaría deprimiendo a la misma Heidi, porque numerosos estudios han probado que el hecho de trabajar ocho horas al día sin luz natural incide de manera directa en el estado de ánimo. Sin embargo, La Simpática no solo está siempre de buen humor sino que nunca le falta una palabra amable cuando te encuentra en la caja (” Hola, cariño, ¿qué tal el fin de semana?”), de ahí que yo la bautizara para mis adentros con el sobrenombre y que siempre que me toca esperar en la cola recé a la Diosa en silencio para que me toque la caja en la que esté trabajando esta mujer.
El fotográfo me miró de arriba abajo con una expresión en la que yo creí leer a) que lo de hacer la compra una misma carece por completo de glamour, pero que si una la da por ahí debería al menos dirigirse a una delicatessen o una tienda de biocultura y b) que no entendía a santo de qué me ponía yo a liar la hebra con una señora tan espantosamente vestida y con el pelo mal cortado y mal teñido.
Lucía Etxebarria
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