Si hay que reflexionar… por Soledad Felloza

Publicado el día 8 Marzo, 2008
Clasificado en 8 de Marzo, Opinion, TODAS|

Si hay que reflexionar…
Se reflexiona. Hoy estoy en casa, de manera extraordinaria, ya que normalmente como actriz que dirige sus espectáculos a las mujeres, estos días suelen ser los de mas trabajo. Sin embargo este año, el calendario electoral nos ha cambiado los festejos, o en algunos casos los ha suprimido.

Mañana hay que votar y el día de hoy es para pensar, yo quisiera estar pensando en mañana, pero como los trámites de mi ciudadanía se eternizan, no podrá ser…y yo que tenía tantas ganas.

Pensar que en el mismo avión que yo vine de mi país hace siete años, también venía un compatriota, que antes de un mes estaba jurando la bandera española. Claro que él es futbolista.

Tengo mil cosas para decir, pero ayer a la tarde, mirando las fotos de los públicos que han concurrido a mi gira de este año, y mirando los de años anteriores, salvo honrosas excepciones, los actos del Día de la Mujer Trabajadora, están llenos de mujeres jubiladas, o que “se organizan para dejar el hombre atendido” y corren al teatro.

En cada charla, conferencia o espectáculo dirigido a celebrar este día, las homenajeadas faltan a la cita.

Es que la mujer trabajadora, en su día, está trabajando.

Es la paradoja. Cierto es que yo recorro teatros de pueblos pequeños, pero también voy a ciudades de cientos de miles de habitantes. Y la historia se repite. Sea cual sea el entorno.

Hablando con compañeras de profesión y de lucha, casi ninguna, salvo que sea la organizadora del evento, puede participar de una marcha, de una función de teatro, de una conferencia, porque están trabajando o porque cuando llegan a casa, tienen tanto por hacer, que el cuerpo no está para celebraciones.

Leo hoy en el periódico, los datos de un estudio que habla del alto índice de ansiedad y frustración que sufren muchas mujeres a la hora de compaginar todo, casa, familia, vida afectiva y social.

Obviamente algo no está bien. Es como celebrar un cumpleaños y que la invitada de honor no llegue. Casi todos los actos de este día, están organizados por mujeres. Las voces que se elevan pidiendo que la violencia cese, son de mujeres, las voces que piden igualdad, son de mujeres.

¿Y ellos? ¿Dónde están?

Y no me alcanza con las cuatro voces que se atreven a censurar a sus congéneres y que piden que no se los confunda con la calaña cobarde que mata. No me alcanza con esa cosa extraña que se organiza en algunos pueblos de “hoy mandan las mujeres” y entonces ellos se van a comer al bar o de lo que ellas dejaron preparado el día anterior, habiendo acumulado el trabajo de dos jornadas en una.

Soledad Gállego decía el otro día, que mientras las que pidamos el cese de la violencia seamos solo las mujeres, no habrá solución. Se preguntaba donde están los hombres a la hora de decir “NO”. Seguramente, reflexionaba ella, si en vez de hombre matando mujeres, fuera a la inversa, las mujeres ya nos hubiéramos organizado, ya tendríamos grupos de apoyo, autoayuda, charlas, debates, entre nosotras.

¿Pero alguien ve que los hombres asuman un rol protagonista en esta batalla? Tímidas y aisladas voces aparecen. Pero en el oscuro laberinto de la violencia, las mujeres tenemos una voz que grita, que clama, que se silencia muchas veces con el rugido atroz de los golpes. Si nuestra voz no alcanza y las cifras sangrientas, dicen que no, es la hora de que las voces de los hombres se sumen. Tal vez estos “no hombres” solo se detengan cuando les plante cara uno de los de su gallinero.

No les estoy pidiendo ayuda, les estoy pidiendo que se ayuden. Que eviten que la etiqueta de la complicidad, les cubra.

El puzzle del Día de la Mujer, está incompleto, mientras no estén, las que fueron obligadas a faltar, ya sea por una mano asesina, por un trabajo de horarios incompatibles con una vida normal o por la indiferencia de un marido que acepta como tácita el aporte extraordinario de una mujer en el hogar, mediante su dinero, su tiempo y su dedicación, sin hacer nada para que la carga del hogar se comparta a partes iguales.

Quiero un 8 de marzo, donde podamos estar todas, las silenciadas, las marginadas, las olvidadas y por sobre todas las cosas, las que día a día desde su trabajo, su vocación, cambian el mundo con su motor imparable.

Quiero un 8 de marzo, polifónico, en lenguas y colores, en sentires y en decires.

Quiero un 8 de marzo con la que peleó en el 68, en el 75 y en los 80 , pero también con la que elevó su voz en los 90 y en el cambio de siglo, y con la que hoy día a día escribe la historia de esta década y con la que aun está en la aulas preparándose para escribirla.

Cuando en la foto veamos reflejada la línea de vida de las mujeres, la raya oscura de la intolerancia, de la desigualdad y de la injusticia comenzará a borrarse.

Como siempre queda mucha tarea, pero eso es algo que a las mujeres no nos amedrenta.

Queridas hermanas, ¡que tengan un buen día!

Soledad Felloza

www.soledadfelloza.com
La Caja de los hilos

Soledad Felloza es una de l@s ganadores-as del 2º Concurso Mujer Todas: ¿Qué tienes en el corazón?

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